jueves, 18 de abril de 2013

*DeFiéNDeTe De La GeNTe aGReSiVa

La mayoría de estas agresiones nos pillan por sorpresa, nos dejan atónitos y sin respuestas, otras la contestación llega cuando es demasiado tarde, y nos lamentamos pensando lo bien que nos sentiríamos si hubiéramos contestado tal o cual cosa; y otras tantas respondemos con demasiada agresividad, malgastando así una preciosa energía con alguien que no se lo merece.
Lo primero que tenemos que hacer es poner a salvo nuestro ánimo; no podemos permitir que dependa de la educación o agresividad de los demás. La mejor forma de evitarlo es crear nuestro escudo protector: desde él podremos ver lo que pasa fuera sin que en ningún momento nos afecte emocionalmente.

Sin embargo, hay veces que no nos sirve con quedarnos callados para esquivar los golpes, tenemos que pasar a la acción. Hay que coger el toro por los cuernos y no cortarnos a la hora de manifestar nuestra molestia, es decir, tenemos que hacer que ¡cierre la boca! (sin violencia).

Ante una ofensa grave, debemos demostrar al agresor que ha sobrepasado los límites y que nos ha ofendido. Es el momento de llamar a las cosas por su nombre, cambiar el tono, la actitud, el ritmo y la energía de nuestra voz. Lo más importante es la actitud: no impresionaremos al agresor con las palabras, sino con la seguridad que mostremos.

¡¡Tenemos que dejar claro dónde están nuestros límites!! Cuando notes que algo o alguien a tu alrededor te perjudica, imagínate que es un alimento que te produce alergia. Aprende a decir mentalmente: “No, gracias”, y date la vuelta. Puede tratarse de una persona negativa, un pensamiento obsesivo o una norma social con la que no te identificas.

Le humillan y maltratan

“No puede imaginarse cómo me he sentido; ¡ha sido como una corriente eléctrica, como si hubiera renacido”, cuenta Leonor a su psicoterapeuta. Era una mujer apocada y sumisa, pero por fin se ha liberado. “Aquella tarde ya no podía más -relata-. Mi marido volvió a humillarme sin motivo, y yo no reaccioné. 

Estaba pensando en una solución extrema, cuando volvió de repente a la habitación, me insultó porque no encontraba un documento, gritando a pocos centímetros de mi cara, y le di una bofetada. Fue una liberación”. Leonor ha recuperado su amor propio al dejar de bloquearse por el miedo… y descubrir su coraje interior.

Recuperar la dignidad

Si permitimos que otras personas nos dominen y que el miedo nos invada, se apaga nuestra energía vital. Pero si reconocemos ese miedo sin oponernos a él, la autocompasión se desvanece y se enciende la llama de la rebelión.


FUENTE: http://www.estasbarbara.com/defiendete-de-la-gente-agresiva/

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